domingo, 8 de junio de 2014

Hacia un mundo mejor (I): Nuevas formas de vida

Por Rodrigo Gómez M.

La adolescencia ha sido una invención cultural estúpida, contraproducente, dolorosa e incluso horripilante para la humanidad. Una fuente inútil de sufrimiento, como una especie de purgatorio personal aparentemente ineludible, que hay que erradicar del mundo. 
El motivo de su gestación fue que el trabajo industrial no tenía nada que ver con la vida, que las fábricas eran zonas antinaturales de productividad, y que finalmente la adultez se convirtió poco a poco en un opuesto  radical de la infancia, y no su continuación natural como debía ser. 
Una evidencia del error por poner un caso: la supuesta "edad del pavo", en la que el chico cae en estado de zombie sin destrezas, huérfano de toda confianza, es un homenaje a la torpeza de la sociedad industrial para entender y acoger el fluir humano natural, dejando productos momentáneamente averiados llamados adolescentes, vagar en el vacío durante algunos años, sin saber bien "qué hacer con ellos". Ocultándolos, chocando con ellos dentro de las casas, con roces imprevisibles, ya que alteran o no participan del "ritmo" familiar.

Lo que hay que hacer es establecer campos culturales de reciclaje creativo-productivo, donde la infancia pueda transformar sus creaciones en obras intercambiables colectivamente. 

Sexualmente debe haber vinculación libre entre pares de ambos sexos, y sin límites en cantidad de integrantes, no inculcar autoritariamente formas de sexualidad "apropiadas", pero sí exponer modelos de vinculación afectiva de distintas procedencias culturales e históricas.

A los pre-adultos del futuro no sería conveniente preguntarles por su futuro, sino por su presente. Su sentir y hacer actual.
Los pre-adultos futuros entrarían a los talleres de acción y a las incubadoras de ideas, para conocer históricamente los modelos anteriores de relación productiva, y podrían entregar los suyos si quisieran.  

Aún la enseñanza secundaria es un ámbito de forcejeo memorístico y conductual, que depende demasiado de libros y posturas incómodas, separación del entorno físico natural, enajenación sensorial, olvido de las destrezas manuales, alejamiento radical de la creatividad. El espacio sigue demasiado estructurado.

Para que el proyecto se logre la adultez debe dejar de ser ese infanticidio consumado que ha sido hasta el día de hoy. Pero no con políticos que juegan playstation los fines de semana, sino con seres acostumbrados a tener sus "espacios artísticos" en sus propias casas, donde liberar tensiones, expandir sus mentes, expresar todo lo que sienten. Los adultos deben ser capaces de "ir a" y "volver de" sus estados de infancia con libertad y autoconsciencia.

Las zonas terapéuticas urbanas incluirían entre otros módulos, ámbitos de recreación real de sueños propios, con actores contratados, escenografías disponibles y utilerías necesarias. Lo que denomino Oniropráctica, la exteriorización concreta de los propios sueños.

(Continuará...)

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