jueves, 29 de mayo de 2014

Escritura y contingencia

Por Rodrigo Gómez M.


En el caso de un escritor incipiente que ha sido criado para el odio hacia la vida o la indiferencia mortal, ¿cómo introducir lo que podemos llamar contingencia en la escritura?
Haciendo una sucinta descripción desde lo psicosocial en general, se da también la situación de ciertos adolescentes aparentemente saludables en lo psicológico, sin las características recién mencionadas, pero que hoy en día parecen reconocer con más facilidad que hace unos diez años (hablando de Chile), que lo referencial concreto en la escritura no se les "da" ni les "nace", como lo de los nombres de las calles, los lugares específicos de tránsito de los personajes, por poner unos ejemplos simples, o incluso hasta un nombre que identifique al personaje. Se puede considerar esto como representativo de una fase del desarrollo psicológico por el cual todos pasamos, y que llevaría en algunos casos humanos desde un ensimismamiento a un mayor compromiso progresivo con el entorno, algo que obviamente no tiene porqué producirse siempre. La atención se experimenta poco nítida con respecto al entorno inmediato, y las cosas a veces parecen pálidas existencias alrededor. El aspecto social se puede explicar a partir, en parte, de la falta de poder (o de empoderamiento) de distinto tipo al que en la mayoría de los casos nos vemos expuestos como parte de la formación dentro de una familia, donde las decisiones y los objetos valiosos provienen del otro (ya sean los padres u otros cuidadores). Así también se experimentan múltiples conflictos de limitación de la propia libertad individual y situaciones vividas como "derrotas" de la propia voluntad. En muchos casos se dan experiencias muy atormentantes. Nos amodorramos, ensimismamos. Y luego llega la borrosamente delimitada época en que hay que ir mostrando adultez hacia afuera (más allá de la familia), mientras se vive una mal asimilada infancia puertas adentro, llena de cortes y límites al crecimiento.
Se ha hablado algunas veces de un "escape de la realidad", y la discusión sobre el compromiso social y/o político de la literatura tuvo auge durante decenios de años, en distintas partes del mundo (seguramente aún se da hoy de distintas maneras menos ideologizadas). Se deja de lado el valor terapéutico de la palabra poética desde los inicios de su gestación, y el hecho fundamental de que siempre el lenguaje remite a un otro, aunque esta presencia sea embrionaria aún. Que sin iniciar el recorrido de la simbolización que lleva a ese otro, no habría ninguna literatura comprometida, ni de ningún tipo. Y que las producciones psicóticas arrojan luz esencial sobre la producción del fenómeno poético, sin dejar de ser aquellas mismas una muestra importante de esta. Se necesita quizás aplicar el modelo del trauma para acercarse a estos vínculos de lenguajes y a su desarrollo en el ser humano. Entender también lo que hasta ahora ha podido desvelar el comportamiento autista (y averiguar que sí es posible que haya algún tipo de comunicación, o de percepción mínima a partir de estos estados, una forma diferente de relacionarse y de reaccionar con respecto al medio). El recurso al "hermetismo excesivo" en la escritura poética, precisamente me recuerda a las estrategias de comunicación esquizofrénicas, que mencionaba Freida Fromm-Reichmann en uno de sus artículos incluido en Psychoanalysis and Psycoteraphy [1].
Es necesario entender que el hermetismo no necesariamente es una especie de "fuga de la realidad", ni de negación del entendimiento. Remite en su origen sí al resguardo de un secreto. Del secreto que puede ser la palabra esencial o la poesía misma.
También existen las "fugas hacia adentro" como el repliegue que permite ver de cerca hacia uno mismo.
O la fuga como gesto último de inconformismo social ("en un mundo de fugitivos el que toma la dirección contraria parece ser el que huye" como decía T.S. Eliot), lo que conlleva poder desentrañar cual es el ideal irrealizable por el que se huye.

(Continuará...)



[1] Hay una edición en español con el nombre “Psicoterapia intensiva en la esquizofrenia y en los maniaco-depresivos” (Ed. Lumen).

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