jueves, 2 de abril de 2015

¿Por qué la locura es el mejor negocio posible?


Por Rodrigo Gómez M.

(Modifiqué sustancialmente el contenido de este texto entre el 7 y 8 de abril (2015)).

Los médicos imponen demandas de mercado como cómplices de los laboratorios que producen lo que recetan. Lo cual no sólo es en algunos casos colusión con perpetradores de fraudes, sino también una acto violento sobre las decisiones individuales libres del paciente. Como dice Szasz: “Los médicos recetan, para abrir un mercado de drogas” (pág. 56 en Nuestro derecho a las drogas). Si a esto agregamos que ciertos países deciden sobre otros lo que se puede o no consumir legalmente (a través de la FDA), tenemos toda una serie de coerciones entrelazadas frente a nuestros ojos, que reducen enormemente nuestra capacidad de decidir libremente sobre nuestra propia salud, y aún más, de vivir nuestro propio cuerpo a través de las sustancias químicas que están disponibles en el mundo.
Todo esto en el ámbito de los psicofármacos, termina perfilando una especie de ambiente anímico colectivo, cuando las políticas públicas de salud están bien coordinadas, y llevan un buen tiempo trabajando sobre una determinada población, para mantenerla bien adormecida, a base de psicofármacos.
Una elección presidencial no va a ser igual (como resultado) teniendo a buena cantidad de electorado consumiendo benzodiazepinas y neurolépticos o no.
Los fraudes empresariales (ya sea en el ámbito farmacológico o en otros) son altamente exitosos cuando algunos miembros de cada familia participan -a partir de su ignorancia resignada (el no querer investigarlo o cuestionarlo), propagando los efectos de este fraude, hacia los demás miembros de la familia, a través del encubrimiento o la aceptación del perjuicio. Es decir, son cómplices del fraude frente a otras personas dependientes socioeconómicamente, que también son víctimas de él, pero que no han decidido al respecto.
La falta de transparencia de no permitir al paciente ni siquiera ver un prospecto o una breve información de algunas características mínimas del fármaco antes de recetarlo, hace que el paciente no pueda plantear opciones al respecto, debido a ese mismo desconocimiento. Es decir, luego de recibir la receta, no tienes más opción que ese fármaco o volver al doctor (o ir a otro), una vez que hayas leído el prospecto, y hayas encontrado alguna contraindicación o información, por la cual no sería conveniente que lo consumas. Cualquier posibilidad de inadecuación en la decisión del médico, sólo puede resolverse retroactivamente, y luego de otra sesión (esperando prudentemente (= pasivamente)) un mes de prueba. (Una caja por cada paciente se debe calcular a nivel del mercado total donde ha sido fraudulentamente inoculado un fármaco modelo tipo Brintellix, con publicidad que oculta la ignorancia casi total acerca de su funcionamiento.).
Uno de los problemas es que el doctor nunca puede saber, lo que el fármaco va a producir en el paciente. Y en el caso de los psicofármacos, la complejidad de su funcionamiento, hace más difícil aún prever los resultados, comparado con el caso de ciertos fármacos que no afectan directamente al sistema nervioso (seis receptores de neurotrasmisores específicos en el caso ya mencionado).
De todos modos queda la opción de ir a otro doctor, estamos en un libre mercado, y la consulta médica puede verse como un servicio más, que se ofrece en este tipo de mercado. Claro que al enfocarse directamente a la salud, que es una condición básica del ser humano para poder seguir existiendo, puede tener más relevancia que varios otros servicios. Después de todo un doctor se ha transformado en un innegable mediador económico entre laboratorios y pacientes, y no en un guía hacia la sanación integral (debido a sus mercados correlacionados descartan descaradamente medicinas alternativas que no han sido desconsideradas nunca como posibilidades efectivas o no de sanación – pero son negadas o no consideradas de entrada por los facultativos de la medicina institucional dominante, pudiendo aprovechar la asimilación de saberes milenarios curativos de diversas culturas actualmente disponibles con mayor facilidad).
“Las leyes sobre receta otorgan al facultativo el privilegio monopolístico de proporcionar determinadas drogas a determinadas personas, o rehusar darles tales drogas.” (Szasz, op. cit., p.57). Por lo tanto existen a lo menos tres tipos de mercados: el mercado legal, el mercado médico (en que se restringe la legalidad de consumo por medio de autorización (a través de receta médica)), y el mercado negro (desde el cual toda forma de consumo sería ilegal).
“Derechos” informales relativos al consumo como el derecho de admisión en ciertos locales nocturnos, por ejemplo, son un control no legalizado.
La generalidad de decidir quienes consumen o no (tal producto o servicio) a nivel de gobierno, puede equipararse históricamente a la situación de los metecos en la antigua Grecia, o a la de ciudadanos afroamericanos en U.S.A. hasta bien avanzado el siglo XX. En el último caso, ciertos ciudadanos dentro de una determinada judisdicción, están informalmente proscritos de la posibilidad para acceder a ciertos productos o servicios con igualdad de condiciones que los demás. Cuando el mantenimiento de esta discriminación es aceptada (no penalizada) por un estado, se produce lo que podríamos llamar un alterestanco, una sectorización limitante (en la participación del mercado) por el lado de la demanda (a diferencia del estanco, que hizo ricos o dio poder a algunos negociantes elegidos y a gente oportunista como, en el caso de Chile, a Diego Portales). Una irregularidad económica interesante, ya que pareciera que sólo el dinero soluciona problemas de carencias específicas para la supervivencia. Y no es así. El acceso a los bienes de consumo agrega un nuevo requisito para el adquiriente o consumidor: confianza o astucia (influencias de carácter informal).
La economía como control legalizado del consumo no puede evitar, en general, estos paréntesis de poder (como influencias informales), en la totalidad de las adquisiciones de un mercado nacional (ni menos a nivel transnacional). Por ejemplo, el favor (como preferencia emocional) controla no sólo compras personales, sino también aportaciones a apoyos políticos (entra a controlar – tarde o temprano, directa o indirectamente- la vida de otros que no deciden al respecto). Todas estas cadenas de acción pueden ser intervenidas (o lo son inevitablemente) por lo que “asépticamente” se denomina sesgos cognitivos, cuando hablamos de preferencias personales, e incluso de caprichos ridículos. Los niveles de influencia permiten que esos caprichos (preferencias demasiado egocéntricas y cortoplacistas), afecten a más o menos personas, según el grado de influencia (cantidad de capital inicial) de quien toma esas decisiones. Podría parecer que proviniendo de un poder superior, todo capricho se puede transformar en una secuencia (una especie de cascada) de obediencias. 
Lamentablemente a veces ocurre así.

(Continuará...)

Nota: Puede ser que se haya exagerado un poco en el mensaje del título.

miércoles, 1 de abril de 2015

Keith Jarrett - Radiance XIII (video)

 

Since youtube take this beautiful piece off from its site, here it is. 
(I ll adjust my score (sheet music) version soon into this same link).


lunes, 9 de febrero de 2015

Recuerdos como tatuajes mentales.

Por Rodrigo Gómez M.


Si comprendieramos que un recuerdo es un acuerdo momentáneo, un convenio transitorio, o una simple negociación de puntos de vista, tan falso como lo que nunca ocurrió, seguramente viviríamos mejor (anímicamente). Al parecer los recuerdos serían más útiles para poder funcionar mejor (memorizar la ubicación del lugar de trabajo, por ejemplo),  que para alimentar una supuesta autobiografía ("mal negocio" tarde o temprano). Después de todo la autobiografía es como una colección de epitafios: “Aquí yace el momento en que te encontré”, “Esta es la tumba de aquel baile de graduación, que si no la mueve nadie la recordaré tal cual”, “Ojalá que nadie exhume el momento de mi mejor concierto, quizás no fue tan bueno como me pareció”, etc.

¿Es útil recordar (tener presente) que los recuerdos no existen?.  ¿No es una deslealtad?. ¿Pero …es una decisión racional en primer lugar?. En todo caso la trampa mental es bastante escurridiza si lo intentan, ...un salmón invisible. Es tan molesto como tratar de estafarse a uno mismo. Seguramente esa es una gran lección Zen. Se pueden describir nuestros condicionantes, pero otra cosa muy distinta es ver como pasan por el lado, sin cambiar nada importante.

Los recuerdos parecen ser una colección de predicados incambiables. “Yo fui aquel lamentable alumno de contabilidad, sin embargo…”.

Sabemos que “ser” (en pasado, presente o futuro) es uno de los verbos más manipulados por el poder (y por la mayoría de nosotros también). A nivel ideológico es como una flecha sin destino, no dice 1=1, sino “esto es lo que más vale” según las directrices del partido, o la cantidad de católicos que van a votar en esta circunscripción.

El “es” en lógica no indica necesariamente que una cosa sea igual a otra, sino que existe un cierto tipo de equivalencia, de variado aspecto que está por definirse. ¿Alguien puede pensar que todos somos Socrates, porque Socrates es mortal?.

Más confusión habrá si usamos el mismo verbo para “ser” y “estar”. Imaginen los márgenes de manipulación posibles. En primer lugar ser no es para nada intercambiable con estar (por suerte no soy como estoy): ser es lo opuesto, lo que no se está quieto, la contraposición concreta de un “estar”.

Por lo mismo, los tatuajes suelen ser un buen testimonio de que sabemos que los buenos recuerdos van a desaparecer. Hoy cuando fui al super vi dos, uno en la espalda bajo el cuello, el típico signo “ying/yang”. Pero otro en la espalda de otra chica, decía algo así como “Que el dolor de perderte no sea más importante que la dicha de haberte tenido” (en alguna parte agregaba el nombre del perdido). Ese contraste de estos dos tatuajes vistos en la misma mañana, me llamó la atención. Uno, la trascendencia; otro el apego específico. Racionalmente, incluso espiritualmente, uno puede ser más certero que el otro, seguramente. Por ejemplo saber que estamos en un naufragio, puede ser mejor que seguir bailando en la cubierta sin saber lo que nos espera. Aunque el problema es otro: anclarse. Seguir escribiendo soluciones cuando el problema es escribir. Mirar por la ventana cuando hay que romperla. O seguir nadando cuando conviene hundirse metafórica y terapéuticamente… o perder cuando todos dicen que hay que ganar. En fin...

De hecho cambiar de registro probablemente sea una marca de la genialidad. Eso es quitarle peso a los falsos recuerdos, aunque sólo sea momentáneamente.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Coerciones en lo precario. Salvajismos en la era digital (Segunda parte)

Por Rodrigo Gómez M.


El tema sonará obvio:

El control social está en nosotros. Lo internalizamos. Nos han ganado. Somos ganado...

El controlador interiorizado en la mente del hombre es condición para lo que se ha denominado “sociedad del rendimiento”. El filósofo alemán (de origen coreano) Byung-Chul Han plantea el punto de agotamiento y derrota al que puede llegar el individuo, al sentirse sometido a la extrema presión del poder hacer, que se manifiesta en este tipo de sociedad, y lo relaciona con los trastornos depresivos: “El lamento del individuo depresivo, “Nada es posible”, solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que “Nada es imposible”. No-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión. El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada.”

Por otro lado podemos observar los mecanismos eficaces para mantener un nivel de control en parte sutil. Las mayorías de población en los países capitalistas actuales están programados culturalmente para evadir a las voces, que veinte años atrás podían provenir de guías revolucionarios, a veces por considerarlos "desequilibrados", "geek", "weird", "freak" o cualquiera de estas etiquetas exportadas por la cultura pop del capitalismo, para vacunarse de disidencia social y/o política, y que tan bien se han tragado los adolescentes adoctrinados y acríticos de estos países (los futuros, e incluso actuales "adultos"). Esto es parte de lo que Baudrillard llamaba "violencia del consenso". La desconfianza social implantada hacia las formas de liberación de las reglas implícitas del juego capitalista, se ha propagado fácilmente a través de los demás países de Occidente (Europa occidental, Centroamérica, Sudamérica), como la siguiente fase depurada del colonialismo sociopolítico del imperialismo, que en las décadas del 60-70, se propagó burda y brutalmente por América Latina, por medio del apoyo a dictaduras salvajes y sangrientas. Esta forma de colonización es más sutil y efectiva. Aún más gracias a algunas llamadas "redes sociales", instrumento depurado de vigilancia y manipulación del Capital, que permite propagar mucho más rápida y eficazmente las tendencias informativas y culturales del Imperio. La gente se entregó. Los jóvenes se entregaron. Cedieron toda su información personal, se desapropiaron voluntariamente de sí mismos para facilitar el control, se entregaron al mercado de públicos asediado por las empresas-aves de rapiña, que tienen la oportunidad de dirigir desde dentro el consumo, y disponen del mecanismo más eficaz de estudio de mercado que ha existido en el mundo. En resumidas cuentas han consumido o engullido plenamente a los consumidores en su propia panza de mercadeo virtual y real. Los tienen comiendo en su propia mano, reduciendo casi al mínimo la brecha oferta/demanda, en un circuito donde la demanda produce instantáneamente la próxima oferta, que a su vez fue producida (hace unos segundos atrás) por la oferta anterior; y donde los propios clientes son "maniquíes" con escasa autonomía, en las vitrinas de estas mismas tiendas y empresas del mega-mercado global excluyente, encargados de atraer a los próximos clientes, que luego también se transformarán en maniquíes virtuales de movimientos reducidos (con falsa apariencia de libertad). Este accionar de los usuarios en las redes tiene escasa autonomía, o posee mucho de falsa autonomía, ya que incluso las formas de presentación personal y el "pavoneo virtual", están pre-dirigidas por modelos mediáticos como cantantes pop o actores salidos del mismo hiper-nicho cultural, o bien tienen referencias de interacción tomadas de las series o sitcoms de las cadenas de televisión norteamericana. Y conjuntamente con esto, la selectividad de gustos y elecciones personales está cada vez más etiquetada (por no decir iconizada), para la más rápida detección de clientes por parte de las empresas vigías, o bien para acelerar el encuentro de afinidades en este mercado de oportunismo vincular a ultranza.  En este sistema de vigilancia-manipulación extrema, los usuarios están remitiendo huellas casi minuto a minuto de su tránsito virtual, a través de mútiples recomendaciones de todo tipo al sitio del medio social en cuestión, quedando actualizado y catalogado en su historial o timeline, transformándose así estas actualizaciones en huellas pormenorizadas de su experiencia personal por la web. En este proceso de inversión pulsional sobre comunidades online, se extrema el proceso de virtualización de las identidades personales. A través de conexiones digitalizadas, pronto los seres humanos van a poder ser desconectados vitalmente, al suprimir sus cuentas en estas redes de pertenencia virtual, ya que sus cerebros van a enviar y recibir directamente los estímulos sensoriales a través del ordenador, y de él dependerán sus funciones vitales.

(Continuará...)