viernes, 7 de marzo de 2014
jueves, 6 de marzo de 2014
Notas culturales (3): La normalidad corrompe el fruto verdadero.
Derribemos el sistema de cancelación de las anormalidades. Lo puedes ver con facilidad. Sal a la ventana (si vives en un edificio de departamentos), y grita el odio que sientes hacia tu madre. Por poner un ejemplo entre miles. Es un ejercicio simple. Hace un año atrás aproximadamente, en el edificio de al lado del que vivo, una mujer en las noches empezó a gritar en contra de su esposo ausente. Decía que la quería matar, y entre medio había un complot con la gente del edificio. Después lo relacioné con lo poco que la gente grita lo que siente en la ciudad, o dice lo que siente a los desconocidos que lo rodean. La primera vez que oía a alguien compartir algo personal con el resto del edificio en su conjunto. ¡Que cantidad de invisibilidad humana cotidiana!, ¡llenaría vertederos universales de ruidos verbales y de furia!. El apocalipsis sonoro. Será una obviedad, pero el hecho es que los mensajes fundamentales no están siendo dichos.
Es el sistema de cancelación de las anormalidades, que deja lo importante para después. Formado a través de múltiples factores cotidianos como el campo patológico de la mentalidad femenina, no entiende que la autopoiesis debe surgir del interior de uno mismo, aún en contra de los estereotipos de lo políticamente correcto, los lucimientos dirigidos por revistas de modas, la felicidad "new age", el miedo al delirio (que es el discurso verdadero). La normalidad corrompe a través de múltiples dispositivos, como el de la dicotomía idiotez/inteligencia, fashion/geek, popular/elitista, etc. Claro, lo elitista es otra forma de censurar la anormalidad. Se busca invisibilizar lo psicótico, lo delirante y lo libre, erradicándolo de la televisión, la radio, las calles, extirpándolo del campo de lo deseable; junto con ello se va la creatividad del mundo, desalojamos el Arte y la Vida, compartimos el cementerio de las prisas inútiles.
Debemos encontrar la forma de entender en qué consiste ese quiebre radical, esa rotura
entre la belleza y el entorno social en el que vivimos. Hay que hacer un ducto entre semáforos y atropellos, para llegar a encontrar una clandestina música. Una joya que siempre disfrutamos en solitario, como lo opuesto al vano entorno inmediato. Cómo
transformar el ruido en música, la fealdad de la gente en esculturas
móviles. No olvidemos que el odio puede potenciar las transformaciones
útiles, y que el amor sólo puede llevar a la aceptación de lo que ya
existe, es la coraza neurótica de la mediocridad, el complot que afirma
sin razones.
El incomformismo hacia la fealdad ético/estética que
nos rodea, sólo puede pagarse socialmente con la supresión sutil o
radical de quien lo ejerce. Ser un perro negro, un vagabundo o un
resistente. No ser cómplice del ocultamiento de lo bello, a cambio de
mercaderías de mall, los parques de entretenciones de los mediocres.
Descubrir lo inmediato que la tecnología puede ocultar, pero también acercar, es otra forma de eludir lo normativo. Como
decía Fritz Perls: "un neurótico es una persona que no ve lo obvio". Esa
obviedad en el movimiento de uno mismo que intenta rescatar
Feldenkrais, por ejemplo.
viernes, 17 de enero de 2014
LA EMBRIAGUEZ
Por Rodrigo Gómez M.
Sin duda la embriaguez es una de las vías de acceso al inconsciente, junto
con los sueños o el uso de la hipnosis, por ejemplo.
Si escribiera un texto de memorias
sobre cierto período de mi juventud, se podría titular de forma parecida a Ron fue mi mejor amigo, pero se llamaría
El ron fue mi mejor amigo. Ese cálido
dulzor acompañó horas inolvidables oyendo de pronto algunas canciones de The
Platters, o bien el Concierto en Fa sostenido menor de Scriabin.
El error era salir de casa y no
seguir el consejo de Kerouac (“Trata de no emborracharte fuera de tu propia
casa.”). El hecho de entrar a una exposición de video-arte con unos vasos de
más y hablando fuerte, u orinar desde arriba de un árbol en una calle céntrica,
viviendo en una ciudad chica (casi un pueblo), pueden ir creando un muro
invisible de rechazo colectivo algo molesto. Claro está que siempre podías
sentirte mejor al día siguiente a nivel de no-tensión y claridad mental. Sólo
estaba la resaca y algunos recuerdos desagradables.
La embriaguez me ayudó a conocer
algunos de mis puntos débiles, a descubrir elementos clave, nudos, epicentros
del delirio, devaneos indiscernibles, planteamientos imposibles,
contradicciones insoportables, enigmas irresolutos, fantasmas tuertos,
habitáculos pintados de espuma oscura , muebles incompletos, residuos kármicos,
padres-madres sustitutos, familias posibles por venir, futuros inútiles, caos
innombrables, etc. No tenía dinero para pagar psicoanalistas y ni siquiera había
uno en mi ciudad.
Fue una herramienta muy valiosa.
Funciona para adentro y para
afuera. Distingues pesadillas y te deshaces de los idiotas.
Claro que es natural que nadie te
considere un héroe por el hecho de que hagas un viaje de autodescubrimiento a
través de la ebriedad. Sin embargo lo fuí. En un sentido extraño. Entendí el
funcionamiento de los basureros de gente que hay en las ciudades, supe que hay
que odiar el lugar de nacimiento para poder renacer, que el desprecio de los
demás es un signo de que vas bien, etc. Comprendí que había que convertirse en
despreciable para los demás, y aceptar el propio odio, antes de que creciera
invisible y devorador.
Volviendo al tema, este estado de
la conciencia menguada también puede ser visto como una forma de liberación de
las exigencias que establece la identidad sobre uno mismo. Vacacionar de
nuestros propios límites mentales.
La variabilidad de las
experiencias de embriaguez depende obviamente de varios factores, tanto el
aspecto del contenido mental, la sustancia embriagante, como el contexto o las
circunstancias, ya que con respecto al primer punto, hay una especie de
deformación de la observación propia, una ondulación perceptiva de la mirada
personal, y a su vez el accionar desde un lugar más íntimo de uno mismo.
Con respecto al segundo punto, el
concepto de embriaguez, abarca el efecto de varias substancias a parte del
alcohol; como por ejemplo el del cannabis, o del éter; en ese caso por ejemplo,
serían muy distintas la embriaguez del opio a la del whisky. Lo que tendrían en
común sería el “desarreglo de los sentidos”.
Me refiero aquí principalmente a la producida por el alcohol, como una
forma de catarsis, como medio de aprendizaje, como alteración suave del tiempo
y el espacio, etc.
Según Horacio, el vino enardecía
las virtudes de Catón. Por otro lado Lucrecio daba una imagen poco halagadora
de la embriaguez: “Cuando al hombre doma la fuerza del vino, sus miembros
pierden la ligereza; su andar es incierto, su paso inseguro, su lengua se
traba, su alma parece ahogada y sus ojos extraviados. El hombre borracho lanza
impuros eructos y tartamudea injurias.”
Aunque se asocia a Nietszche
directamente con lo dionisiaco, paradójicamente, salvo unos recuerdos de
juventud, termina optando por una sobriedad extrema, como explica en Ecce Homo: «Para creer que el vino
alegra tendría yo que ser cristiano, es decir, creer lo que cabalmente para mí
es un absurdo. Cosa extraña, mientras que pequeñas dosis de alcohol, muy
diluidas, me ocasionan esa extremada destemplanza, yo me convierto casi en un
marinero cuando se trata de dosis fuertes. Ya de muchacho tenía yo en esto mi
valentía. Escribir en una sola vigilia nocturna una larga disertación latina y
además copiarla en limpio, poniendo en la pluma la ambición de imitar en rigor
y concisión a mi modelo Salustio, y derramar sobre mi latín un poco de
grog del mayor calibre, esto era algo
que, ya cuando yo era alumno de la venerable Escuela de Pforta, no estaba
reñido en absoluto con mi fisiología, y acaso tampoco con la de Salustio,
aunque sí, desde luego, con la venerable escuela de Pforta. Más tarde, hacia la
mitad de mi vida, me decidí ciertamente, cada vez con mayor rigor, en contra de
cualquier bebida "espirituosa".»
El ida y vuelta de la fortuna, bebiendo por la tristeza o la felicidad son
un asunto recurrente en el poeta persa Omar Khayyam
Puesto que nuestra
estancia en el mundo es precaria,
es absurdo vivir sin
amor y sin vino.
¿A qué discutir sobre
el mundo? Cuando muera
no ha de importarme
nada que fuese o no creado.
La transitoriedad de las cosas y el tono de despreocupación aparecen
también en este fragmento de Kerouac: "Súbitamente comprendí que todas las
cosas sólo van y vienen incluido cualquier sentimiento de tristeza: también se
irá: triste hoy alegre mañana: sobrio hoy borracho mañana ¿Por qué inquietarse
tanto?”
Un conocido ejemplo poético de la embriaguez, el poema de Li Po “Bebiendo
solo a la luz de la luna”, propone una interesante perspectiva sobre la correspondencia directa entre embriaguez y
éxtasis (o comunión directa con lo Otro), ya míticamente establecida en
distintos contextos rituales o religiosos. En esta experiencia la disolución del
extrañamiento (o la separación del otro) y, nuevamente la transitoriedad, se
hacen evidentes:
“Entre flores y ante un jarro de vino,
bebo solo, sin compañía alguna.
Alzo la copa y convido a la luna.
Con mi sombra somos tres.[1]
bebo solo, sin compañía alguna.
Alzo la copa y convido a la luna.
Con mi sombra somos tres.[1]
Aunque la luna no puede beber,
y en vano sigue a mi cuerpo la sombra,
son buenas compañeras transitorias.
¡Disfrutemos antes que pase la primavera!
y en vano sigue a mi cuerpo la sombra,
son buenas compañeras transitorias.
¡Disfrutemos antes que pase la primavera!
Canto, y la luna se balancea.
Bailo, y mi sombra revolotea.
Bailo, y mi sombra revolotea.
Despierto yo, compartimos la alegría.
Ebrio, desaparecen mis compañeras.
Ebrio, desaparecen mis compañeras.
¡Oh luna, oh sombra, mis inmortales amigas!
Ya tendremos una cita,
en el cristalino Río de Estrellas.”[2]
Ya tendremos una cita,
en el cristalino Río de Estrellas.”[2]
En este poema, como ya dijimos, se plantea una combinación de
transitoriedad y de disolución del extrañamiento: Primeramente se enfatiza la
separación (“somos tres”), luego viene la comunión transitoria. Esta
transitoriedad no parece hacer alusión a la esencial impermanencia de los
fenómenos que plantea el budismo, ya que la luna y la sombra seguirán allí,
para poder reencontrarse más adelante. El verso “Ebrio, desaparecen mis
compañeras.”, puede confundir al
lector, respecto a la interpretación recién planteada, pero cotejando con
versiones inglesas, se descubrirá que ese “ebrio” hace alusión en realidad a
“estar botado” de ebrio, o a quedarse dormido de borracho (“We have
our fun while I can stand/ then drift apart when I fall asleep.”[3]). Sin embargo, por medio
de otra traducción inglesa reaparece esta ambigüedad fundamental del poema, ya
que da a entender que en la embriaguez o el sueño, los tres efímeros comparsas
se separan para volver a la unidad (¿la unidad de lo imperecedero, de lo que
tomamos la materia para nuestras ilusiones?¿el Prakriti del Hinduismo?),
dicotomias inestables por lo profundas y trascendentes (“Soon drunken
sleep will quell our fun/ And my trio will separate back into one”[4]. La luna tradicionalmente
hace alusión a la mente despierta, a la naturaleza búdica; y el vino a la embriaguez del éxtasis místico.
APUNTES DE ESTETICA
Cy Twombly Leda
(1961)
- 1 -
Quizás desde el concepto de lo sublime
en Kant o el de Schiller, pasando por los manifiestos de algunas vanguardias
del siglo XX, por la educación del
des-artista según Kaprow y las estéticas de Fluxus o el performance, se ha
dado el predominio de un discurso
de la libertad en el arte occidental. Algunos elementos de este discurso surgen
en gran medida del gesto de la ironía.
Sin embargo, lo irónico de este gesto es que cada intento de ruptura termine
siendo capturado por la estética o la crítica, para hacerlo corresponder a una determinada
tendencia artística, como comenta por un lado Kaprow, esbozando categorías
dentro del mismo arte que pretenden paradójicamente romper con las categorías (Anti-arte, No-arte o Des-arte). A
través del discurso estético, la filosofía efectúa esta especie de contra-gesto
o gesto de oposición que también menciona Rancière en El malestar en la estética. Por un lado está la conceptualización
racional e idealista que pretendió captar causas aristotélicamente en el arte (por
ejemplo lo sublime como causa final,
o la simetría como causa formal), por el otro la fabricación de “pequeños
mundos de obras”, catálogos, circuitos de arte, etc., como recorridos de
sentido que concatenan o forman la cadena de lo entendible artístico o de lo bello legible. Como un tejido dentro de
otro, la obra es insertada –y cuesta moverla de allí- dentro de las conocidas
categorías de autor, estilo, época, etc. La visualidad de los espectadores esta
pre-dirigida e incluso pre-digerida. Otro tour. Pero se vuelve un tour mundano
en contra de un tour de force, que en
algunos casos se pretendió que fueran ciertas obras. (Acabo de encontrar una
definición de tour de force en el
sitio dictionary.reference.com, muy apropiada, que de hecho es la primera
acepción:
noun, plural tours de force
1.
an exceptional achievement
by an artist,
author, or the like, that is unlikely to
be equaled by
that person
or anyone
else; stroke
of genius: Herman Melville's Moby Dick was a tour de force.[1]).
Precisamente el concepto kantiano
de genio, fue una idea que impregnó o
subyació durante bastante tiempo en el arte occidental, y el cual hacía presente
una fuerza de la naturaleza, a través de su mediación. Ahora, ¿de alguna manera ha sido “enfrascada”
la ballena blanca de Melville?. Y las categorías agregadas desde la teoría
¿impiden acaso que siga siendo una gran novela que engendra emoción y despierte
el sentido de la aventura, aún hoy para personas de distintas edades?. ¿No
sigue percibiéndose la belleza formal de su exposición narrativa?. Precisamente
por ese “golpe de genio” se preserva, ya que removió más de lo común con su
hazaña, las aguas de la literatura moderna.
Hay un intento profundo de investigación que propone Georges Bataille, y
que claramente no puede ser confundido con esta captura categorial, o con un
simple afán clasificador: “El trabajo del albañil, que junta, es el más
necesario. De este modo, los ladrillos vecinos, en un libro, no deben ser menos
visibles que el ladrillo nuevo, que es el libro. Lo que se propone al lector,
en efecto no puede ser un elemento, sino el conjunto en que se inserta: es toda
la armazón y el edificio humanos, que no pueden ser solamente amontonamiento de
escombros, sino conciencia de sí.”. En el muro hay una imposibilidad de
completitud. Como también una acumulación de límites convenientes. Pero allí
donde aún no se dan cohesiones firmes, y el muro fluctúa, se da la sensación de
libertad del “pensamiento móvil”. Para
abrir la conciencia “a todo lo que es posible reflexionar” en el ámbito
artístico, es preferible salir del ámbito regular y predecible de la estética
moderna. Establecer vínculos necesarios y realimentadores con diciplinas tan
dispares como la biología o la economía política, pueden ser mucho más fructíferos.
Podemos intentar practicar ese “pensamiento móvil”,
como lo menciona Bataille, “sin buscar su estado definitivo”, y sin embargo
aludir singularmente al conjunto en
el que se inserta.
- 2 -
La estética según Rancière enuncia la ruptura del “régimen representativo”
del arte, es decir, de lo que define o agrupa a las diferentes artes, y que es
la unión triádica de la mímesis-poiesis-aisthesis; la primera define “una
relación reglamentaria entre una forma de hacer –una poiesis- y una forma de
ser –una aisthesis- […]”, por lo tanto, concluye de esto que la estética es “un
régimen de identificación específica del arte.”. La mímesis como procedimiento
artístico gradualmente va quedando atrás, se acentúa “la singularidad sensible
de las obras, en detrimento de su valor representativo y de las jerarquías de
temas y de géneros según los cuales se clasificaba y juzgaba las obras.” Este
cambio se daba junto a una liberación de poderes tanto políticos como
religiosos, proceso durante el cual además los públicos del arte se ampliaron y
diversificaron.
- 3 -
Sobre la relación entre arte y memoria: partiendo de que la autobiografía
es una forma de arte que embellece la propia vida, es un buen medio para
encontrar múltiples formas de ajustar cuentas con el pasado. Como señaló Konrad
Paul Liessmann comentando a Kierkegaard: “El arte es entonces en general el
medio para que el recuerdo mismo pueda llegar a ser una forma del olvido.”
- 4 –
La distinción entre los conceptos artista/artesano habría comenzado a
atisbarse a mediados del siglo XVIII; “hacia 1750 –escribe Larry Shiner-, ya se
presentaban signos inequívocos de que la moderna polaridad artista versus
artesano se había impuesto. El Diccionario
portátil de las bellas artes de Lacombe (1752) lo afirma sin vacilaciones:
“Se da este nombre [artista] a aquél que ejerce alguna de las artes liberales
y, en especial, a los pintores, escultores y grabadores” (1752).”. Lacombe
escribe que las bellas artes son “la obra del genio; tienen a la natualeza por
modelo”. Desde ahí volvemos a Kant.
- 5 –
En Le film à venir (Raúl Ruiz,
1997), el cine aparece como mecanismo, ausencia, repetición e hipnosis,
mientras que donde verdaderamente se encuentran las imágenes de la conmoción, el
dispositivo inductor del estremecimiento, la droga estimulante y “fanerotímica”[2],
es en el libro: cúmulo de imágenes de magia, que lleva literalmente al trance
al par de sacerdotes del culto a la película
por venir. De aquella –de la magia- parecían extraer su combustible, según
subraya el narrador, y constituía la energeia
que se despliega a nivel sacerdotal como revelación y como ritual. Sin embargo,
el contacto directo con las imágenes sagradas parece estar limitado a los
sacerdotes. El resto de la comunidad, por otro lado, permanece visionando 23
segundos de repetición fílmica, en medio de la oscuridad de una sala sin
ventanas. Estos habitan en el mundo del ergon
(en un sentido cuasi-humboldtiano de la distinción energeia/ergon) y de la
técnica de las imágenes proyectadas maquinalmente –símil de la palabra
institucionalizada, la repetición ritualizante de lo religioso, la obra acabada
y de uso colectivo. Luz y sombra, Cielo y desierto, polaridades constitutivas de
la devoción. El cine en particular se sustenta materialmente en la repetición
(de los 24 fotogramas por segundo). El proyector es una máquina controladora de
una serie única, de una vía de imágenes predeterminada. Las butacas mismas de
la sala representan una clara uniformización de los lugares de observación. No
olvidemos que la mayoría de las formas de exhibición (las de la
bidimensionalidad) obligan a mirar de frente, y al variar de ángulo, no difiere
el foco de la imagen. Estamos sometidos a un único foco previo y
predeterminado.
A diferencia de esta fosa de
oscuridad donde presenciamos las imágenes, el receptáculo de lo mítico (llamado
Doble libro de los arcanos danzantes)
fascina, lleva al momento gozoso –el protagonista testigo cae de espaldas, en
una “euforia deliciosa”- y a la aparición (imaginaria o no) del familiar íntimo
–el amado cercano, una “parte” de sí mismo- (la hija acusada de robar la
película sagrada), que desde el “otro mundo” le dice que es feliz.
1.
un logro excepcional de un artista, escritor, o similar, que es poco
probable que sea igualada por esa persona, o por alguien más; golpe de genio: Moby Dick de Hermann Melville fue una
proeza.
[2] Del inglés phanerothymic, concepto propuesto por Aldous Huxley para
referirse a lo que después se llamarían “psicodélicos”, pero que empleo aquí en
su sentido primero: del griego "phanero-": visible, y
"thymós": mente o espíritu, es decir: “espiritualidad visible”; en este caso (como adjetivo) significa: lo que
visibiliza lo espiritual en el mundo.
FILOSOFIA Y POESIA
Por Rodrigo Gómez M
.
.
Se podría decir simplificando que la filosofía ha sido un espacio
escritural para el ejercicio de la razón y la poesía para la expresión de la vida afectiva del hombre. Aunque ambas formas de escritura han tratado sobre los temas más
profundos de la existencia humana (amor, muerte, pesar, soledad, etc.), la
poesía permitió exponer el lado desviado
del lenguaje que mejor se amoldaba a las pulsiones de lo inconsciente.
María Zambrano recuerda la “condenación de la poesía” a favor del Logos
filosófico en Platón, que la lleva a “una vida azarosa y como al margen de la
ley”. Allí comienza su “caminar por estrechos senderos, su andar errabundo y a
ratos extraviado, su locura creciente, su maldición.”. Opone a su vez, lo
súbito de lo poético, que se vincula directamente con el carácter de azaroso y
circunstancial destacado por el surrealismo, frente a la vocación indagatoria y
metódica de la actividad filosófica: “La poesía es encuentro, don, hallazgo por
gracia. La filosofía busca, requerimiento guiado por un método.”
Uno de los momentos más importantes de diálogo entre poesía y filosofía,
durante la modernidad, se concretó en la relación entre Hölderlin, Hegel y Schelling.
Las inquietudes intelectuales de los tres son muy cercanas. Hölderlin asiste a
las clases de Fichte. De hecho le escribe el siguiente comentario a Hegel sobre
el pensamiento de Fichte: “Su Yo absoluto (=Sustancia de Spinoza) encierra toda
la realidad. Es todo y fuera de él no hay nada. Por tanto, este Yo absoluto no
tiene objeto; de otro modo, no encerraría toda la realidad. Pero una conciencia
sin objeto es impensable […] De modo que una conciencia es impensable en el Yo
absoluto, como Yo absoluto no tengo conciencia, y, en tanto en cuanto no tengo
conciencia, soy nada (para mí) y el Yo absoluto es (para mí) Nada.” En El más antiguo programa sistemático del
idealismo alemán, se exponen vínculos y relaciones claros entre lo poético y
lo filosófico: “Estoy convencido de que el acto supremo de la razón, al
contener ésta todas las ideas, es un acto estético, y de que verdad y bondad sólo se pueden hermanar
en la belleza. Precisamente el
filósofo debe poseer tanta fuerza estética como el poeta.”, o: “La filosofía
del espíritu es una filosofía estética. No se puede ser lúcido en ningún
ámbito, ni siquiera se puede razonar lúcidamente sobre la historia, si falta el
sentido estético.”. Luego se añade la consecuencia que se derivaría al
expandirse y encarnarse este sentido estético: “La poesía recibiría con ello
una mayor dignidad y de esta manera finalmente llegaría a ser de nuevo lo que
era en un principio: maestra de la
humanidad. Pues no hay ni filosofía ni historia. Sólo la poesía es lo único
que sobrevivirá al resto de las ciencias y las artes.”
Schelling en Filosofía del arte precisa el sentido idealista de la poesía: “La
forma general de la poesía es la de
representar las ideas en el discurso y el lenguaje.” Schelling entiende el
lenguaje como “el símbolo más adecuado para el acto absoluto del conocimiento,
pues, por una parte, éste aparece en el lenguaje como ideal, no real, igual que en el ser, aunque, por otra parte, se
integra a través de algo real sin dejar de ser ideal.” Con respecto a la
relación misma entre poesía y lenguaje, Schelling afirma: “El lenguaje en sí
mismo es el caos con que la poesía debe formar los cuerpos de sus ideas. Pero
como cualquier otra obra de arte, la obra poética debe ser algo absoluto en lo
particular, un universo, un cuerpo físico.” Más adelante reflexiona sobre la
poesía lírica en particular. Agrego aquí algunas de sus ideas al respecto: “La
poesía lírica es en general la representación de lo infinito o general en lo
particular.”. “Como la poesía lírica es la especie poética más subjetiva, en
ella predomina necesariamente la libertad. Ninguna otra especie está menos
sometida a la coerción. Los desvíos más audaces de la sucesión ordinaria en el
pensamiento le están permitidos, y sólo se trata de mantener una conexión en el
ánimo del poeta o del oyente, y no objetivamente o fuera de él.”. “El en-sí de toda poesía lírica es la
representación de lo infinito en lo finito, pero, como sólo se mueve en la
sucesión, la oposición entre lo
infinito y lo finito surge, diríamos, como principio interior de vida y
movimiento.” (Trad.: Virginia López-Dominguez. Tecnos, 1999. Madrid.)
Por otra parte, uno de los principales integrantes del llamado “círculo de
Jena”, Friedrich Schlegel en Conversación
sobre la poesía, apunta a un antiguo e importante vínculo entre poesía y
filosofía que se dio en Grecia: “En aras de la exhaustividad debo mencionar que
las primeras fuentes y modelos del poema didascálico, los intercambios
recíprocos entre poesía y filosofía, se deben buscar también en la época de
florecimiento de la cultura antigua: en los himnos de alabanza inspirados en la
naturaleza de los misterios, en las ricas enseñanzas de las sentencias gnómicas
relativas a lo social, en los poemas omniabarcadores de Empédocles y de otros
sabios e incluso en los simposios, en los que la conversación filosófica y su
representación se vuelve por completo poesía.”. Y a través de los personajes de
este cenáculo ficticio, resalta más de una vez la importante y beneficiosa influencia
que Spinoza debería tener sobre un poeta, claro que sin especificar muy bien en
que sentido, salvo por lo que se considera su carácter místico.
En la introducción del libro Filosofía
y poesía: dos aproximaciones a la verdad, compilado por Gianni Vattimo se
observa que con la poesía nos alejamos de un riesgo filosófico: “el de ser
rebatidos en la argumentación o sobre cuestiones de hecho”.
Una contraposición moderna entre Heidegger y Celan, como la que hace notar
Paulo Barone en un ensayo posterior de este libro, subraya una diferencia
importante entre ambos: Heidegger “confiaba en una lejanía esclarecedora” con
respecto al saber, en cambio Celan “insistía en la palabra inmediata (das unverzügliche Wort).” Las dos
posturas estaban representadas, en cierta forma por el weitsichkeit (pensar distante) de Heidegger, y el Brennpunkt o punto focal de Celan. Por
otro lado uno de los conceptos claves de Heidegger, con respecto a -y en contra
de- la sustracción metafísica del Ser, será el acontecimiento (Ereignis), que es precisamente el
momento en que el Ser puede realmente ser reconocido, ya que el Ser es
movilidad y sólo se da en el presente, un presente que se reconstituye
permanentemente. Y es el presente precisamente lo que pretende capturar Celan
poéticamente. De hecho busca dar consistencia a un “estado de cosas irrepetible
y único”, con el recurso de emplear o señalar una fecha en el texto. Y aquí
Barone señala una clara vinculación entre Heidegger y Celan: “el presente
transitorio, concentrado en las fechas de Celan, define el presente perpetuo de
Heidegger, al impedir que en su oscilación, no ulteriormente reducible y por lo
tanto infinita, se pierda la percepción misma del aspecto “pequeñísimo y
sumamente huidizo” de las cosas.”
Precisamente Gaetano Chiurazzi en otro ensayo contenido en este libro,
titulado Los sentidos del ser: incluye
una cita de “Ser y tiempo” en que Heidegger señala que el fin específico del
discurso “poético” sería la “comunicación de las posibilidades existenciales de
la situación emotiva, es decir la apertura de la existencia”. Luego de referirse
a la cualidad cuestionadora del arte, Chiurazzi
concluye una relación directa entre el rol del poeta y el del filósofo ya que, en
la perspectiva heideggeriana, la actividad filosófica de la pregunta por el Ser
surge precisamente a partir de un estado de ánimo fundamental, que es la angustia,
y, como se mencionaba antes, el discurso poético para Heidegger es una comunicación
existencial a partir de una huella emocional, por lo tanto ambos lenguajes
provienen de una apertura sensible del ser-ahí, y se dirigen hacia sus ecos
experienciales.
Termino precisamente con dos fragmentos suyos contenidos en Pensamientos poéticos (Herder, 2012):
EL POETA
regala al pensamiento de la pregunta por el ser
para su paso atrás
las palabras
conductoras.
*
El paso atrás del pensamiento
poniendo ante el
reservamiento
del apropiamiento, que usa de nosotros y nos necesita,
desde el ámbito de la potestad capacitante
NOTAS SOBRE NARRATIVA (III)
Un animal mágico (el lémur del relato) y las
pestes del mundo. Principalmente las humanas. Son dos temas que atraviesan Ghost of Chance (traducido como El fantasma accidental[1]) de William
Burroughs. El capitán Mission era un aliado de las fuerzas naturales, de un
ánimo fundamental del entorno, de un pretérito sin palabra: “El capitán Mission
no temía al Pánico, ese saber repentino e intolerable que nos dice que todo
está vivo. Él mismo era un emisario del Pánico, del conocimiento que los
humanos temen más que cualquier otro: la verdad de su origen. Está tan cerca.
Basta borrar las palabras y mirar.” Sin embargo el hombre, arrebatado de
codicia, amenaza ese lugar sin tiempo donde han habitado los lémures: “La
belleza siempre está condenada.”. Cristo
habla, y es como el rostro maligno hecho de su sangre verdosa. El poder
devuelto al mundo natural –en contra del monopolio de los milagros que
practicara Cristo – es también una devolución del poder al hombre: “De hecho,
cada persona tiene la capacidad de curar y de influir en el clima.”. Deciamos
en la nota que una traducción más adecuada podría ser El
fantasma de la oportunidad. La metonimia de la oportunidad: el lémur. Ella
también apunta al interior del hombre. “El hombre sabe que dispone de una
oportunidad para crear la conexión que animará el ser que lleva en su cuerpo.
Si no lo hace, el pequeño ser morirá dentro de él.”. Esa oportunidad es un
retorno. Una superación de la escisión operada por la cultura. “El hombre
vendió su alma a cambio del tiempo, del lenguaje, de las herramientas, de las
armas y de la dominación. Y para asegurarse de que no se saliese de madre,
estos invasores mantienen una plaza fuerte en el hemisferio cerebral no
dominante. […]Una hendedura forma parte del organismo humano, la hendedura o
grieta entre los dos hemisferios, de modo que cualquier intento de síntesis ha
de permanecer inalcanzable en términos humanos. Extraigo un paralelo entre esta
hendidura que separa los dos costados del cuerpo humano y la hendedura que
dividía Madagascar de África continental. Un lado de la hendedura se fue a la
deriva hacia una inocencia encantada, atemporal. El otro se movió,
inexorablemente, hacia el lenguaje, el tiempo, el uso de las herramientas, de
las armas, la guerra, la explotación y la esclavitud.”.
NOTAS SOBRE NARRATIVA (II)
Alucinosis en medio de la decadencia.
Sin embargo, hace tiempo que es tiempo de Control.
Una frase resume y rezuma sospecha (un primer trazo de viejas
pseudo-paranoias): “Todas las cabinas del mundo estaban intervenidas.”.
Frase de Philip K. Dick en Una mirada a la oscuridad. Que es más bien un
scanner, como el que te pasan por el cerebro para verte en profundidad, para
revisar tu centro de operaciones. Tubos de speed tras la carrera por estar
libre, no son un escape. Se juega con el “pavo frío”. Tu cuerpo es un centro de
torturas creado por una segunda naturaleza.
Aún así quizás sólo podemos escapar por neurotransmisores, digiriendo
formas de Dios, invisivilizando el yo, despertando a la Kundalini.
Ciertos personajes de Dick apuntan a otro mundo, crudamente se reconocen perdidos, pero con el vislumbre del propio lado luminoso.
La limitación institucional de los hemisferios derechos de los cerebros:
finalidad policial.
“-Lo normal –prosiguió el primer médico-, es que una persona emplee el
hemisferio izquierdo. Aquí se localiza el sistema del yo, el ego o conciencia.
Es el hemisferio dominante porque siempre se localiza en él la zona central del
habla. Precisando más, la bilateralización implica una capacidad o valencia
verbal en el hemisferio izquierdo, con funciones espaciales en el derecho. La
mitad izquierda puede compararse a un computador digital, la derecha a un
computador analógico. De modo que la función bilateral no es una simple
duplicación. Ambos sistemas reciben y procesan la información de formas
distintas. Pero ese no es su caso. Usted carece de hemisferio dominante, de
modo que no se produce una acción compensatoria entre uno y otro. Una mitad de
su cerebro le dice una cosa, la segunda mitad le dicta otra diferente.”
Un Logos tecnológico en substitución del Logos heracliteano. Los personajes
de Dick no escapan porque creen que ya han huido. Presa fácil para los
controles de tránsito ciudadano.
Soportando además la enorme gravedad que implica volver del viaje.
“-Después de ver a Dios se sintió muy bien, durante casi un año. Y luego
cambió todo. Estuvo peor de lo que había estado toda su vida, pues se dio
cuenta de que jamás volvería a ver a Dios. Viviría el resto de su vida,
décadas, quizá cincuenta años, y no vería otra cosa distinta a lo que siempre
había visto. Lo que nosotros vemos. Se puso peor que si no hubiera visto a
Dios. Me lo explicó un día que se encontraba muy mal. Perdió la cabeza y empezó
a maldecir y a romper cosas que tenía en su piso, incluso el tocadiscos. Había
comprendido que siempre viviría igual, sin ver nada, sin finalidad alguna. Un
montón de carne en movimiento, comiendo, bebiendo, durmiendo, trabajando y
cagando.”
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

.jpg)
